El inconsciente lacaniano

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Desde que comenzó su enseñanza, Lacan no se propuso ser fiel a los enunciados del fundador de psicoanálisis sino a la lógica de su enunciación. ¿Este recorrido introdujo innovaciones conceptuales en teoría freudiana? Dice Norberto Rabinovich: «Así Lacan propuso el «retorno a Freud» y en ese camino hacia las fuentes, el foco de su trabajo residió precisamente en el concepto de inconsciente. Sin embargo, cuando en el año 1964, en ocasión de iniciar su onceavo seminario anual «Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis» arrojó una afirmación que, de haber sido comprendida hubiera sacudido a su auditorio. Dijo que el concepto de inconciente elaborado por Freud era otra cosa que lo que pretendía enseñar con ese nombre. Pocos años después, en Vincenns, redobló su apuesta: «El inconciente no es de Freud, es preciso que lo diga. Es de Lacan. Eso no impide que el campo sea freudiano.» El autor nos invita con este libro a interrogar la multifacética y contradictoria relación Freud-Lacan y desgajar los hitos que construyen el «inconciente lacaniano». La interpretación que hace Norberto Rabinovich de la obra de Lacan posee la singularidad de atenerse a la letra y la lógica del maestro francés, y, al mismo tiempo, revela al lector una perspectiva novedosa de esa enseñanza al iluminar cortantes verdades del psicoanálisis que tienden a olvidarse.

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Retorno a Freud

El inconsciente es un concepto que elaboró Freud para dar cuenta de su descubrimiento, a partir del cual nació una nueva disciplina, el psicoanálisis. Con el paso de los años y con la impronta dejada por sus continuadores, el psicoanálisis fue adquiriendo una dirección que cada vez la iba alejando más de su núcleo original y de su esencia. Cuando Lacan apareció en el mundo del psicoanálisis, su apuesta fuerte consistió en devolverle al descubrimiento freudiano “el filo tajante” de su verdad, ya olvidada, ignorada o reprimida en el interior del movimiento psicoanalítico que sin embargo permanecía reclamándose fiel a los preceptos del fundador.

Es así que propuso el retorno a Freud y en este movimiento a las fuentes, el foco de su trabajo residió precisamente en el concepto de inconsciente. Sin embargo, cuando en el año 1964, en ocasión de iniciar su onceavo seminario anual, “Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis” (sobre el que girará este seminario), luego de haber sido excluido de las listas de analistas didácticos de la Asociación Internacional y en el mismo año que fundó la Escuela Freudiana de Paris, arrojó una afirmación que seguramente habría sorprendido a su auditorio si lo hubieran escuchado bien: dijo que lo que iba a explicar con el nombre de inconsciente era algo diferente de lo que enseñó Freud. Por ese motivo figura como título del primer capítulo del seminario mencionado: “El inconsciente freudiano y el nuestro”. Incluso unos años mas tarde llegó a afirmar que “el inconsciente, hay que decirlo, es de Lacan, aunque el campo sea freudiano”.

Dos apuestas que en principio parecen contradictorias: retornar a las fuentes del descubrimiento freudiano del inconsciente y formular otra concepción del inconsciente. A mi juicio, ambas afirmaciones son ciertas y la contradicción no es tal. Se trata de comprender el alcance de cada una.

La consigna lacaniana del “retour à Freud” –retorno a Freud– dado el equívoco que en francés promueve la preposición “à” puede leerse como retorno “hacia” Freud pero también retorno “de” Freud. Esta última versión nos permitiría entender la frase en el sentido del retorno de lo reprimido. Lo que Lacan apunta resucitar es la verdad freudiana, una verdad reprimida en el movimiento psicoanalítico. ¿Cual? Aquella que describe el inconsciente a nivel de los procesos primarios, con locas conexiones radicalmente ajenas a las coordenadas que especifican el pensamiento y buscan su satisfacción en una reproducción alucinatoria. Todos estos términos, no habían sido olvidados o reemplazados por los continuadores de Freud, pero solo se los repetía como parte de un dogma incomprendido al mismo tiempo que la práctica analítica había sido encausada en el registro de un dialogo comprensivo, explicativo, de esclarecimiento, perfectamente enmarcada dentro de las coordenadas de la conciencia.

Hay otra posibilidad de leer la frase “retorno a Freud” que es más patente en francés que en castellano. Retornar también significa volver, dar la vuelta, incluso dar vuelta algo, es decir ponerlo al revés. En Seminario XVII lo tituló “El revés del psicoanálisis” y, como lo explicó con toda claridad, su propuesta teórica apuntaba a poner patitas para arriba la fundamentación dada por Freud del teoría psicoanalítica. Estas cosas tienen un gran peso a la hora de leer a Lacan entendiendo que es un continuador de Freud. Es preciso advertir el alcance del viraje que introduce en la comprensión psicoanalítica, porque sino, es mi hipótesis, se termina encontrando en el texto de Lacan, lo mismo que planteaba Freud.
No hay mejor manera de apreciar la concepción del inconsciente que tiene cada analista, que observando la técnica interpretativa que utiliza. Porque la técnica de la interpretación analítica que Freud enseñó esta profundamente ligada a la naturaleza de su objeto, el inconsciente y sigue los sinuosos caminos de los puentes verbales despegados de las exigencias lógicas del pensamiento. No es que el inconsciente sea a-lógico o ilógico sino que responde a otra lógica que es preciso reconocer.

Los sucesivos desvíos dentro de la historia del psicoanálisis fueron acompañados de un alejamiento progresivo del instrumento de la palabra para producir las resonancias, las asonancias, las consonancias, los equívocos del significante, en el empleo de la interpretación del inconsciente. Algo muy diferente de la explicación comprensiva, el esclarecimiento. Esta dimensión de la práctica analítica no fue un descubrimiento de Lacan. Freud abrió ese camino y explicó el método para acceder al enigmático orden de determinación del campo subjetivo que es el inconsciente. Esta dimensión del inconsciente es, a mi juicio, aquella que Lacan retomó y reformuló por referencia a de la estructura del lenguaje.

“El inconsciente está estructurado como un lenguaje.” Aforismo que de alguna forma es la marca de la enseñanza de Lacan. Que el inconsciente este estructurado como un lenguaje no quiere decir que la conciencia y el preconciente tengan una estructura no lenguajera. Los pensamientos, los recuerdos, los conocimientos, etc., tienen una osamenta derivada del lenguaje. Sucede que al Sistema Prec./Cte Freud ya lo había articulado al lenguaje cosa que no hizo con el inconsciente, aun cuando su descubrimiento del inconsciente fue realizado íntegramente en el campo del lenguaje. La subjetividad humana esta estructurada por el lenguaje, no solamente el inconciente.

Freud planteó que la percepción forma parte esencial en la estructura del aparato psíquico. Habló del sistema Percepción-conciencia. Las sensaciones y percepciones, aun cuando sean funciones directamente apoyadas en estructuras neurofisiológicas, se inscriben en la memoria articuladas a la malla del significante. En una gama de colores un sujeto puede distinguir la percepción del rojo, el violeta y el azul, pero si dentro de su código no figura el significante violeta, la percepción del violeta quedará registrada como azul o roja. No es la percepción de la imagen del árbol la que nos permite ver un árbol sino la palabra árbol a la que dicha percepción se articula. Cuando en nuestro campo perceptivo entra algo que no tiene nombre, que es desconocido, inmediatamente buscamos ponerle palabras para integrarlo en nuestra realidad lenguajera. En el ser hablante el sistema perceptivo se integra a la función de la conciencia por intermedio de la estructura simbólica del lenguaje.

En cuanto a Freud, describió el inconsciente como una estructura topológica donde están inscriptas representaciones excluidas del campo perceptivo, de la conciencia y del preconciente que, por así decir, lo recubren. Las formaciones del inconsciente, es decir el retorno de lo reprimido, tienen una localización topológica particular: irrumpen en la superficie psíquica, en el seno del sistema de percepción y conciencia, pero portan la marca de lo reprimido, algo que se caracteriza por situarse, como se expresó Freud, “entre percepción y conciencia”. Esto quiere decir, que la irrupción del inconciente en la conciencia, conserva cierta heterogeneidad con relación a la superficie donde reaparece, e introduce en ella una fisura, algo que rompe la pantalla.

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